Estíbaliz Mangado, propietaria de Solanoa, el único bar, tienda y cafetería del municipio abrirá las fiestas el 22 de julio
Prender una mecha puede parecer un gesto sencillo. Sin embargo, en Nafarroa ser la persona elegida para lanzar el txupinazo de las fiestas de un pueblo supone mucho más que dar comienzo a unos días de celebración. Es un reconocimiento a quienes, de una u otra forma, forman parte del día a día del municipio y contribuyen a mantenerlo vivo. En el caso de Pueyo, el primer municipio de la Zona Media en inaugurar el calendario festivo, ese reconocimiento recaerá este año en Estíbaliz Mangado, propietaria de Solanoa, la única tienda, bar y cafetería del pueblo.
Será ella quien lance el cohete el próximo 22 de julio, después de que su nombre haya sido propuesto durante varios años por los vecinos y elegido finalmente por el Ayuntamiento. «Cuando me lo notificaron fue una sorpresa, aunque en el fondo me lo esperaba porque ya me habían ido avisando. Es un orgullo, sobre todo por el reconocimiento que supone a la labor que estoy haciendo de cara al pueblo«, explica Esti, vecina de Pueyo y al frente de Solanoa desde hace casi once años.
Su vinculación con el municipio va más allá del negocio. Nació, vive y ha formado su familia en Pueyo, donde comenzó hace casi once años una aventura empresarial que inició junto a una amiga y que, desde hace cinco años, continúa en solitario. «Al final, siendo del pueblo y estando cerca de tu gente, esto se vive de otra manera. No es un negocio que vendes y ya está. Das otro tipo de servicio«, afirma.
Tiendas que sobreviven
Ese servicio es, precisamente, el que muchos vecinos destacan cuando hablan de Solanoa. El establecimiento concentra la única tienda de alimentación, el único bar y la única cafetería del municipio, convirtiéndose en un lugar de encuentro habitual para quienes viven en el pueblo; un lugar donde además de ofrecer productos básicos y servicio de hostelería, el local se ha consolidado como un espacio donde los vecinos se informan, conversan o simplemente hacen una pausa durante el día. «Todo el mundo acude para cualquier cosa. Es un punto de información, de encuentro e incluso de desahogo. Siempre estamos ahí para todo y todos», resume.
Aunque mantener abierto un negocio de estas características en un municipio pequeño también implica un importante esfuerzo. Durante la pandemia, cuando se quedó sola al frente de Solanoa, asumió el reparto de alimentos y productos de primera necesidad a los vecinos que no podían desplazarse. Una experiencia que recuerda como uno de los momentos más duros desde que abrió el establecimiento.
A ello se suman las largas jornadas de trabajo que exige un negocio abierto de lunes a domingo, porque además de atender la barra y la tienda, el día a día incluye pedidos, proveedores y todas las tareas de gestión que permanecen invisibles para los clientes. «Hay mucho trabajo de cabeza detrás de la barra que no se ve. Llega un momento en el que no vives, sobrevives», reconoce.
La situación ha comenzado a cambiar este año con la incorporación de una trabajadora, una ayuda que le está permitiendo disponer de algo más de tiempo libre y recuperar parte de la conciliación que durante años había quedado aparcada. Pese a las dificultades, asegura que nunca se ha planteado abandonar el proyecto. De hecho, recientemente ha adquirido el local situado sobre el establecimiento con la intención de seguir desarrollando allí tanto su vida personal como profesional.
Esti considera que mantener abiertos este tipo de negocios resulta “fundamental para garantizar la vida de los pueblos pequeños” y cree que las administraciones “deberían respaldarlos con mayor decisión”. “Pequeños negocios como Solanoa prestamos un servicio que va mucho más allá de la actividad comercial. Contribuimos a fijar población y mantener la vida social de los municipios. De hecho, gente que ha venido de fuera a vivir a Pueyo, que últimamente ha venido bastante, es la primera que reconoce que el que haya un lugar como este, donde vengas de trabajar y puedas tomar algo, se valora mucho. Incluso se ha quedado gente a vivir que me han dicho directamente que han venido porque había algo en el pueblo. Si yo cerrara hoy, Pueyo se quedaría muerto”.
Desde el otro lado de la barra
Las fiestas de Pueyo también tienen un significado especial para Solanoa. Durante esos días, el establecimiento se convierte en uno de los principales puntos de encuentro del municipio junto al frontón. Este año, además, ofrecerá por primera vez servicio de cenas, ampliando la actividad habitual que desarrolla durante las celebraciones.
Aunque reconoce que desde que abrió el negocio ya no puede disfrutar de las fiestas como antes, asegura que el ambiente que se vive esos días también se percibe desde detrás de la barra y confía en poder volver poco a poco a compaginar el trabajo con algunos momentos de ocio.
El 22 de julio, sin embargo, cambiará el delantal por el protagonismo del balcón consistorial. Reconoce que los nervios estarán muy presentes y que su intervención será breve. «Seguramente sea muy escueta. Daré las gracias y poco más».
Ese agradecimiento irá dirigido, especialmente, a todas las personas que durante estos años han apoyado el proyecto y han contribuido a que Solanoa continúe siendo un punto de referencia para el municipio. «Es muy importante toda la gente que diariamente hace posible que Solanoa siga adelante. Quiero que sepan que este reconocimiento también es un poco suyo«, concluye.



